Las artes marciales no son un deporte más; son una forma de vida. Como su nombre lo indica, son un arte y, como tal, requieren de mucha práctica e inculca valores como la disciplina, la constancia y la perseverancia, la obediencia, el valor, y se aprende a utilizar las diferentes partes del cuerpo de una manera que uno nunca se hubiera imaginado. La flexibilidad y la fuerza son fundamentales en cualquier arte marcial, pero no se puede olvidar el equilibrio y la paciencia, que uno aprende a dominar y que son piedras angulares en la práctica de estas disciplinas.
Quizá el arte marcial más conocido sea el kárate, originario del Japón.
Su práctica exige conocimiento, posiciones y técnicas; es por ello que es tan flexible pero también difícil de dominar. Al igual que en las demás artes marciales, su filosofía es completamente pacífica.
Su aprendizaje requiere de perseverancia y esfuerzo, lo cual trae resultados positivos en todos los ámbitos. En promedio, llegar a cinta negra en cualquier arte marcial (la cinta negra significa dominio del arte) toma alrededor de cinco años: como una carrera universitaria.
El tae kwon do, arte del puño y la patada, es originario de Corea, donde está considerado como el deporte nacional. Tiende a ser más ofensiva: no se espera el ataque, uno lo busca. El combate cuerpo a cuerpo es fundamental para dominarlo; para llegar a cinta negra se debe ser capaz de enfrentar a tres aspirantes a cinta negra, o iebi dan, al mismo tiempo. La fuerza en las piernas, la flexibilidad y la velocidad son fundamentales en su práctica, y no te sorprendas si tu hijo puede levantar la pierna muy por encima de su cabeza en muy poco tiempo. El ataque con los puños se reduce, pues se centra en las patadas. Algunos valores que inculca a los niños son el respeto, tanto a la disciplina misma, como al maestro y a los compañeros. Un aspecto no mencionado es la meditación, que se realiza al principio y al final de la clase, que es un método de relajación que separa a lo mundano del dojang (lugar donde se practica tae kwon do).
El judo es otro arte de la defensa personal japonés. Su técnica es muy parecida a la lucha grecorromana; se basa en técnicas de agarres para dominar al contrincante. La fuerza que se adquiere al practicarlo es tremenda, al igual que los reflejos y la agilidad, sin olvidar, claro está, la paciencia.
El aikido es un arte marcial puramente defensivo. Su técnica utiliza la fuerza del contrincante para vencerlo; se trata de conocer los lugares precisos del cuerpo para lograr cualquier objetivo. Si uno conoce los puntos débiles de su contrincante, es fácil controlarlo, aunque nos doble en tamaño y fuerza.
El arte marcial chino del kung fu, practicado por los monjes budistas, es todo un espectáculo. La agilidad se explota al máximo, los saltos, maromas y movimientos espectaculares están a la orden del día. Actualmente no está muy desarrollado en México y hay pocos lugares para practicarlo.
Por último, mencionarmos al capoeira, que si bien no es un arte marcial en sentido estricto, últimamente ha tenido un gran crecimiento. Se basa en técnicas utilizadas por esclavos africanos en Brasil, donde se les prohibía practicar cualquier tipo de pelea. Se trata de utilizar las patadas de forma muy artística, como un baile, acompañado de música de percusión. El sentido del ritmo y la flexibilidad son fundamentales y, como nunca hay contacto, es muy pacífica, aunque extenuante.
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